Monday, March 06, 2006

Pelos




Meng Fei Ng

Al doctor le gusta usar pelucas de mujer cuando se va a dormir. La particularidad de su extraño gusto es que las pelucas tenían que ser de cabello de mujer. Nada artificial. Así que el doctor visitaba frecuentemente las peluquerías, en donde los cabellos vuelan, se amplían, se expanden, se riegan y se esparcen por doquier. Cada entrada que hacía por las puertas de aquellos lugares le abría una sensación de éxtasis, a tal nivel que le temblaban las manos y sentía escalofríos desde la punta de sus pies hasta la punta de su cabeza con sutilezas de erizamiento de pelos. Delante de las empleadas (incluye mujeres y locas), estilistas (incluye mujeres y locas) y la clientela, recogía los variados mechones, residuos de cabellos de diferentes colores mezclados con suciedad del piso. Después se los llevaba a la boca para catar su calidad. No sé de qué factores dependía el control de calidad, pero estoy seguro de que él sabía porque lo expresaba con grandes gemidos de placer mientras masticaba y jugaba en el piso con esas piezas sin vida que alguna vez pertenecieron y respiraban en las cabelleras de femineidades recíprocas. El siguiente paso que seguía era el de olerlo. Oler el aroma de mujer entre la saliva y la desesperación. Aspiraba los pelos tan fuertemente que se escuchaba un sonido de instrumento de viento en seco parecido a una pequeña aspiradora nasal.

Clasificaba los olores, diferenciando los productos químicos, sin lavar, con caspa, piojos, y así. Tampoco sé cómo realizaba el control de calidad de los olores pero él lo sabía y eso era lo importante. Después de hacerlo los clasificaba y cogía los casi perfectos. En el proceso unos cuantos cabellos se le iban por la nariz junto al polvo y otras suciedades, pero no le importaba, porque así tosía graciosamente y reía. Una orgía de pelos yacía en la antítesis de sus manos que recorrían su cuerpo tanto externamente como internamente. El clímax lo llevó a desvestirse. La multitud ya estaba conmovida de tanto show pragmático en un drama sicótico. ¡Terrorista! Lo llamaban las doñas en medio de la faena de rebuscar la belleza en aquellos salones de plasticidad. ¡Vulgar! Le decían las fresas y ¡sexy! los artistas presentes. Los estilistas no opinaron, simplemente observaban con estupor. Las empleadas con anticlímax se meneaban con pudor, como si quisieran participar en ese acto vil y sublime pero remordedor de conciencias sin poder romper sus propias barreras de temor ante tal situación. No podían actuar en ese show porque serían despedidas. Un suicidio.

Finalmente el doctor metía con eclecticismo los cabellos escogidos en una bolsa plástica de algún supermercado como si estuviera comprando a escondidas accesorios de mujer una vez que su alarma biológica bajó a alerta naranja. Se robó 1264 cabellos (los contó en su baño blanco donde contrastaba el color de las finas cuerdas reales de mujer), un lápiz labial y ocho esmaltes para las uñas de diferentes colores, ya les diré porqué, pero de seguro no eran para su esposa. Nadie se dio cuenta de nada, ya que todas se quedaron pasmadas. El robo, digo, el show fue un éxito para la audiencia. Claro, ésta es apenas una pequeña muestra de lo que pasa cuando visita peluquerías de mujer, cuando hace una entrada triunfal en ellas y sale liberado. Al de hombres no va.

En el baño blanco que tiene, es decir, de bañera blanca, piso, techo y paredes blancos, lavamanos, inodoro blanco, cortinas de baño, cepillo, crema dental, jabón blanco, revisa el estado de los cabellos ensalivados y pegajosos.

Al acercarse a la bañera abrió las llaves de agua caliente y fría en un acto de conservación para sus pelos, ya que los iba a lavar con mucho empeño pero con la delicadeza de una madre cuando baña a su recién nacido. Está en proceso el proceso llenado de la bañera pulcramente blanca. Digo pulcramente, porque limpia su baño afanosamente todos los días cuidando de que no quede residuos de nada por si en algún momento el servicio secreto lo rastrea hasta su casa. Dedica de tres a seis horas borrando rastros en el baño de cualquier reunión clandestina y fetichista con aires de minuciosidad.

El trabajo tan arduo de limpieza lo hace sudar abundantemente, cosa que le gusta mucho para coleccionar cada gota de su sudor en una botella de vidrio para agua potable. No se preocupen, no se lo bebe (eso creo), simplemente le gusta dársela a su gata que a veces al beberlo tiene ganas de tener relaciones con el perro del vecino. El doctor disfruta de tal función de vez en cuando a las tres de la mañana. Lo hace sentirse glorificado. Lo cruel sería que él se la tomara para tener relaciones con su gata. Ese detalle sólo la gata lo sabe. Nosotros no, porque ella no nos habla. No por ahora. Con respecto a las propiedades afrodisíacas del sudor del doctor éstas no están comprobadas. Reacciones alérgicas a tal líquido han sido manifestadas por su gata. Tested on animals.

Mientras se llenaba su bañera de agua, se babeaba imaginando dormir con los cabellos, acariciándolos, estrujándolos y derramándolos en todo su cuerpo como plumas líquidas llenas de pasión salvaje. Así que su corazón palpitaba rápidamente a la espera de desintoxicar a los pobres cabellos. Le quita lo dirty pero no lo nasty de las criaturas finamente peludas. Deseaba preservar la esencia original del producto. El doctor se imagina cuántas veces los cabellos de mujeres que posee en sus manos han presenciado y han sido testigos de relaciones sexuales de sus amas y eso lo excita más. Ya para cuando el agua de la bañera se derramaba por el piso, dio un grito desgarrador. No se percató del paso del tiempo mientras viajaba por su imaginación. El doctor estaba sentado en el borde de la bañera donde también estaban sus dulces cabellos, cuando sintió el agua humedeciéndole pantalones. Miró tratando de hallar el lugar donde descansaban los cabellos. Al darse cuenta de que nadaban por el piso, sintió un remordimiento tan grande contra el agua que la golpeó desesperadamente. Fue un intento inútil de salvar al fino producto que se destilaba por el drenaje de su baño. Vio claramente como cada uno de sus 1264 cabellos desaparecían de su vista por el hueco del drenaje entre la tapa de la misma y el cavernoso tubo lleno de aguas negras. Fue debido a lo contrastante de sus variados cabellos que pudo apreciar claramente aquellas vidas yéndose al matadero, al suicidio masivo y compulsivo. El doctor observaba a lo lejos desde una esquina de su baño el recorrido de sus cabellos hacia el drenaje en la otra esquina y de ahí al alcantarillado. No se podía mover, estaba tenso por la pérdida, por la impotencia de no poder hacer nada, como si en él el tiempo se detuviera. Era una experiencia traumática. Sus amados cabellos, sus pelos, ya no estaban.

Luego de secar su baño y limpiarlo afanosamente se sentó a la orilla de su bañera. Miraba el drenaje y las lágrimas le brotaban recorriendo lentamente sus mejillas desde sus ojos vacíos y rojos hasta el borde pálido de su mentón. Caían y las reciclaba en una botella de agua potable para bebérsela y emborracharse con ella. No dejaba de mirar aquél drenaje. Estaba tieso. De repente, reaccionó y fue a buscar el lápiz labial y los ocho esmaltes para uñas. Una vez en sus manos todo eso se secó las lágrimas y salió de su casa. Buscó a sus novias y les regaló sus ocho esmaltes a cada una. Se pintó los labios, y besó a cada una de ellas. Cada vez que terminaba de besar a una, se daba un retoque y besaba a la siguiente. En el acto lloraba al sentir los cabellos de aquellas. Les recordaba a sus niñas finas, las que una vez tuvo entre sus manos. Recordaba todo lo que tuvo que hacer por ellas, desde rescatarlas de sus amas hasta la posibilidad de poderlas bañar y dormir con ellas. Al terminar de besar a la octava, durmió sólo. Al despertar al siguiente día, decidió dedicar el resto de su vida a pintarle las uñas a sus novias. Siempre empezaba por los pies y terminaba con las manos. Trabajaba principalmente para comprar esmaltes. Así se consolaba por la ausencia de sus cabellos y llenaba su existencia. Sus ochos novias que eran ochos esmaltes para uñas y un lápiz labial.

El autor es estudiante. Nació en Brasil, de padres chinos. Es ciudadano venezolano y actualmente reside en Puerto Rico. Ha ganado algunos certámenes literarios en el ámbito universitario.

3 Comments:

Blogger Mara Pastor said...

1. dile a Meng Fei que necesitamos leerlo más a menudo que se saque un blog.

2. Meng Fei es un caníbal en potencia, su cuento tiene la minuciosidad horrorosa de Su Tong, con un poco de humor ciberposmo a lo Yara Liceaga, con unos pelos de Suskind, pero en El contrabajo, no en El perfume, porque en lo sicótico se parece a Rafa Acevedo, en Exquisito Cadáver, el capítulo de la receta de pasta italiana, justo después de encontrar el cadáver.

3. Meng Fei tiene poemas- Lo que pasa es que él quiere mirar a los ojos del lector justo en el momento en que los ojos del lector terminan de leer el poema. Lo que pasa es que no es ahí donde se termina la lectura del poema. Yo le dije que no se lo recomendaba, que le había hecho un libro oxidado a la última persona que había leído mis poemas frente a mí. Entonces no me dejó leerlos. Me dejó con las ganas, indeed. si tienes poemas de Meng, pásalos.

eso es.

11:03 AM  
Blogger Sirreal said...

Según lo que me dicen escribe poco a poco. Dos relatos en el último año. Pablo Torres, librero reconocido, dice que cuando compra un libro lo revisa minuciosamente y mira varios ejemplares hasta decidirse.

6:05 PM  
Blogger Mr. M said...

Ha llegado Mr. M... Blog creado: Project Eternity en http://project-eternity.blogspot.com/

Gracias por sus comentarios. No sé nada, solo sé todo.

Rafah me le cambiastéis el título, que interesante. Está de "pelos" pero no olviden que es "obsesión"...

Mara, saludos. Gracias por tus comentarios acerca del texto. El punto tres que muestras, es una perspectiva personal interesante de la situación pasada, pero eso no fue lo que quise transmitir, ni decir exactamente. Lo que pasó ahí fue que no se cumpllieron las condiciones de la negociación en las exigencias en el encuentro de dos autores desencontrados, nada más, no hubo a mi parecer complicaciones de ningún tipo. Si la vuelvo a encontrar quizás podamos negociar más ampliamente.

Los procesos transicionales por los que estoy pasando en estos tiempos a veces me hacen escribir poco y otras veces mucho. Pero no se preocupen que tendrán y disfrutarán de las producciones especiales a corto o largo plazo que dirijo.

Gracias a todos.

DLB

12:17 PM  

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