Tuesday, March 21, 2006

Ella extiende los brazos















la arena de los huesos marca la hora
lanzo la botella al fantasma para que alguien reciba el mensaje
ahora bebe mis alas, dice el ángel, bebe mis alas

pero estoy en una isla desierta nada vuela sino
la arena de los huesos que marcan las horas
lanzo la huella al mensaje para que alguien regrese el fantasma
ahora toma el mensaje, dice la diabla, toma el mensaje

pero de cierto no bebo licor de vuelo.

Luis Sal Sauer

Monday, March 13, 2006

Caníbales y rock


El miércoles 15 de marzo se presentará el libro Cannibalia, de Rafael Acevedo. La mirada crítica estará a cargo de Mara alabalacera Pastor y Félix prácticas de la carne Jiménez. Se invita a los amigos a asistir al Latin Café, al lado de La Tertulia en el Viejo San Juan, a las siete y treinta (7:30) de la noche. Amenizará el grupo de rock experimental El maletín de Betances.










chitarra 3, acuarela de Kebol Shevic

Thursday, March 09, 2006

LOS MENDIGOS




Lu Hsun


Bordeo un muro alto y podrido; caminando a través del fino polvo. Otras personas caminan solas. Una brisa se levanta y sobre el muro, las ramas de los altos árboles, sus hojas a punto de marchitarse, se agitan sobre mi cabeza.

Una brisa se levanta, y el polvo está por todas partes.

Un niño me implora. Está vestido con ropas raídas como los demás. No se ve triste pero me cierra el paso y lloriquea mientras me sigue.

No me gusta su voz, sus gestos. Detesto su falta de tristeza, como si esto fuera un juego. Me repugna la manera en la que me sigue, su lloriqueo. Sigo caminando. Algunas personas caminan solas. Una brisa se levanta y hay polvo por todas partes.

Un niño me implora. Está vestido de ropas raídas como los demás. No se ve triste aunque está mudo. Me estira su mano en una suerte de pantomima. Detesto su gesto. Además, puede que no sea mudo; quizás es su manera de mendigar. No le doy nada. No tengo ganas de darle limosna. Estoy por encima de esos dadores de limosna. Para él tengo solo aversión, suspicacia y odio.

Bordeo un ruinoso muro de lodo. Ladrillos rotos han sido amontonados en la brecha detrás de la pared no hay nada.
Una brisase levanta, llevando el frio de otoño a través de mi vieja ropa . Y por todas partes hay polvo.

Me pregunto que método debo utilizar para mendigar. ¿En qué voz debo hablar? ¿Qué clase de pantomima debo mostrar si pretendo ser mudo?

Algunas personas caminan solas.

No recibiré limosna, ni siquiera el deseo de dar limosna.
Recibiré el disgusto, la suspicacia y el odio de los que se consideran superiores a los que dan limosna.
Mendigaré muy quieto y en silencio.
Recibiré, finalmente, nada.

Una brisa se levanta, y hay polvo por todas partes. Algunas personas caminan solas.
Polvo, polvo
…………
polvo.

September 24, 1924.

dibujo de Lu Hsun por Tao Yan-ching

Tuesday, March 07, 2006

EgoísmomsíogE

-Eres un egoísta.
-¿Por qué?
-Porque no me quieres como yo deseo.

Tomado de Fixión Flash, Hugo López Cabral. Caldus. México. 1979.



Acuarelass. Pintura de Kebol Shevic.

Monday, March 06, 2006

Pelos




Meng Fei Ng

Al doctor le gusta usar pelucas de mujer cuando se va a dormir. La particularidad de su extraño gusto es que las pelucas tenían que ser de cabello de mujer. Nada artificial. Así que el doctor visitaba frecuentemente las peluquerías, en donde los cabellos vuelan, se amplían, se expanden, se riegan y se esparcen por doquier. Cada entrada que hacía por las puertas de aquellos lugares le abría una sensación de éxtasis, a tal nivel que le temblaban las manos y sentía escalofríos desde la punta de sus pies hasta la punta de su cabeza con sutilezas de erizamiento de pelos. Delante de las empleadas (incluye mujeres y locas), estilistas (incluye mujeres y locas) y la clientela, recogía los variados mechones, residuos de cabellos de diferentes colores mezclados con suciedad del piso. Después se los llevaba a la boca para catar su calidad. No sé de qué factores dependía el control de calidad, pero estoy seguro de que él sabía porque lo expresaba con grandes gemidos de placer mientras masticaba y jugaba en el piso con esas piezas sin vida que alguna vez pertenecieron y respiraban en las cabelleras de femineidades recíprocas. El siguiente paso que seguía era el de olerlo. Oler el aroma de mujer entre la saliva y la desesperación. Aspiraba los pelos tan fuertemente que se escuchaba un sonido de instrumento de viento en seco parecido a una pequeña aspiradora nasal.

Clasificaba los olores, diferenciando los productos químicos, sin lavar, con caspa, piojos, y así. Tampoco sé cómo realizaba el control de calidad de los olores pero él lo sabía y eso era lo importante. Después de hacerlo los clasificaba y cogía los casi perfectos. En el proceso unos cuantos cabellos se le iban por la nariz junto al polvo y otras suciedades, pero no le importaba, porque así tosía graciosamente y reía. Una orgía de pelos yacía en la antítesis de sus manos que recorrían su cuerpo tanto externamente como internamente. El clímax lo llevó a desvestirse. La multitud ya estaba conmovida de tanto show pragmático en un drama sicótico. ¡Terrorista! Lo llamaban las doñas en medio de la faena de rebuscar la belleza en aquellos salones de plasticidad. ¡Vulgar! Le decían las fresas y ¡sexy! los artistas presentes. Los estilistas no opinaron, simplemente observaban con estupor. Las empleadas con anticlímax se meneaban con pudor, como si quisieran participar en ese acto vil y sublime pero remordedor de conciencias sin poder romper sus propias barreras de temor ante tal situación. No podían actuar en ese show porque serían despedidas. Un suicidio.

Finalmente el doctor metía con eclecticismo los cabellos escogidos en una bolsa plástica de algún supermercado como si estuviera comprando a escondidas accesorios de mujer una vez que su alarma biológica bajó a alerta naranja. Se robó 1264 cabellos (los contó en su baño blanco donde contrastaba el color de las finas cuerdas reales de mujer), un lápiz labial y ocho esmaltes para las uñas de diferentes colores, ya les diré porqué, pero de seguro no eran para su esposa. Nadie se dio cuenta de nada, ya que todas se quedaron pasmadas. El robo, digo, el show fue un éxito para la audiencia. Claro, ésta es apenas una pequeña muestra de lo que pasa cuando visita peluquerías de mujer, cuando hace una entrada triunfal en ellas y sale liberado. Al de hombres no va.

En el baño blanco que tiene, es decir, de bañera blanca, piso, techo y paredes blancos, lavamanos, inodoro blanco, cortinas de baño, cepillo, crema dental, jabón blanco, revisa el estado de los cabellos ensalivados y pegajosos.

Al acercarse a la bañera abrió las llaves de agua caliente y fría en un acto de conservación para sus pelos, ya que los iba a lavar con mucho empeño pero con la delicadeza de una madre cuando baña a su recién nacido. Está en proceso el proceso llenado de la bañera pulcramente blanca. Digo pulcramente, porque limpia su baño afanosamente todos los días cuidando de que no quede residuos de nada por si en algún momento el servicio secreto lo rastrea hasta su casa. Dedica de tres a seis horas borrando rastros en el baño de cualquier reunión clandestina y fetichista con aires de minuciosidad.

El trabajo tan arduo de limpieza lo hace sudar abundantemente, cosa que le gusta mucho para coleccionar cada gota de su sudor en una botella de vidrio para agua potable. No se preocupen, no se lo bebe (eso creo), simplemente le gusta dársela a su gata que a veces al beberlo tiene ganas de tener relaciones con el perro del vecino. El doctor disfruta de tal función de vez en cuando a las tres de la mañana. Lo hace sentirse glorificado. Lo cruel sería que él se la tomara para tener relaciones con su gata. Ese detalle sólo la gata lo sabe. Nosotros no, porque ella no nos habla. No por ahora. Con respecto a las propiedades afrodisíacas del sudor del doctor éstas no están comprobadas. Reacciones alérgicas a tal líquido han sido manifestadas por su gata. Tested on animals.

Mientras se llenaba su bañera de agua, se babeaba imaginando dormir con los cabellos, acariciándolos, estrujándolos y derramándolos en todo su cuerpo como plumas líquidas llenas de pasión salvaje. Así que su corazón palpitaba rápidamente a la espera de desintoxicar a los pobres cabellos. Le quita lo dirty pero no lo nasty de las criaturas finamente peludas. Deseaba preservar la esencia original del producto. El doctor se imagina cuántas veces los cabellos de mujeres que posee en sus manos han presenciado y han sido testigos de relaciones sexuales de sus amas y eso lo excita más. Ya para cuando el agua de la bañera se derramaba por el piso, dio un grito desgarrador. No se percató del paso del tiempo mientras viajaba por su imaginación. El doctor estaba sentado en el borde de la bañera donde también estaban sus dulces cabellos, cuando sintió el agua humedeciéndole pantalones. Miró tratando de hallar el lugar donde descansaban los cabellos. Al darse cuenta de que nadaban por el piso, sintió un remordimiento tan grande contra el agua que la golpeó desesperadamente. Fue un intento inútil de salvar al fino producto que se destilaba por el drenaje de su baño. Vio claramente como cada uno de sus 1264 cabellos desaparecían de su vista por el hueco del drenaje entre la tapa de la misma y el cavernoso tubo lleno de aguas negras. Fue debido a lo contrastante de sus variados cabellos que pudo apreciar claramente aquellas vidas yéndose al matadero, al suicidio masivo y compulsivo. El doctor observaba a lo lejos desde una esquina de su baño el recorrido de sus cabellos hacia el drenaje en la otra esquina y de ahí al alcantarillado. No se podía mover, estaba tenso por la pérdida, por la impotencia de no poder hacer nada, como si en él el tiempo se detuviera. Era una experiencia traumática. Sus amados cabellos, sus pelos, ya no estaban.

Luego de secar su baño y limpiarlo afanosamente se sentó a la orilla de su bañera. Miraba el drenaje y las lágrimas le brotaban recorriendo lentamente sus mejillas desde sus ojos vacíos y rojos hasta el borde pálido de su mentón. Caían y las reciclaba en una botella de agua potable para bebérsela y emborracharse con ella. No dejaba de mirar aquél drenaje. Estaba tieso. De repente, reaccionó y fue a buscar el lápiz labial y los ocho esmaltes para uñas. Una vez en sus manos todo eso se secó las lágrimas y salió de su casa. Buscó a sus novias y les regaló sus ocho esmaltes a cada una. Se pintó los labios, y besó a cada una de ellas. Cada vez que terminaba de besar a una, se daba un retoque y besaba a la siguiente. En el acto lloraba al sentir los cabellos de aquellas. Les recordaba a sus niñas finas, las que una vez tuvo entre sus manos. Recordaba todo lo que tuvo que hacer por ellas, desde rescatarlas de sus amas hasta la posibilidad de poderlas bañar y dormir con ellas. Al terminar de besar a la octava, durmió sólo. Al despertar al siguiente día, decidió dedicar el resto de su vida a pintarle las uñas a sus novias. Siempre empezaba por los pies y terminaba con las manos. Trabajaba principalmente para comprar esmaltes. Así se consolaba por la ausencia de sus cabellos y llenaba su existencia. Sus ochos novias que eran ochos esmaltes para uñas y un lápiz labial.

El autor es estudiante. Nació en Brasil, de padres chinos. Es ciudadano venezolano y actualmente reside en Puerto Rico. Ha ganado algunos certámenes literarios en el ámbito universitario.